Cuando una situación se descontrola, crece más de lo previsto o se complica hasta superar la capacidad de manejarla adecuadamente. Se ha perdido el control, y por ello «se va de las manos».
La discusión empezó tranquila, pero se nos fue de las manos rápidamente. Dije cosas que no debía, así que tendré que pedirle disculpas.
