Alguien que habla de forma brusca, poco educada o con maneras toscas.
No sé qué le pasó a Marcos en la reunión, pero parecía un verdulero, levantando la voz y soltando comentarios que no venían a cuento.
Alguien que habla de forma brusca, poco educada o con maneras toscas.
No sé qué le pasó a Marcos en la reunión, pero parecía un verdulero, levantando la voz y soltando comentarios que no venían a cuento.
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Animarse de golpe, ganar confianza o entusiasmo y actuar con más energía de la necesaria. A veces implica pasarse de la raya.
Nos vinimos arriba y después de la fiesta fuimos a un after. Y después de eso nos fuimos a desayunar unos huevos rotos con jamón.
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Se dice para referirse a alguien que se considera más importante de lo que es, como si perteneciera a la realeza francesa.
Nuestro nuevo compañero de piso se cree que viene de los siete pares de Francia; pero le va a tocar fregar el baño y abrillantar las escaleras como a todos.
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Se usa para expresar desenfado, despreocupación o falta de seriedad. Se aplica cuando alguien actúa con exceso de libertad, sin reglas ni orden. También puede usarse de forma irónica para señalar un ambiente caótico, desorganizado o donde cada cual hace lo que quiere.
La expresión tiene origen histórico: se popularizó en el siglo XIX en España, vinculada a la Constitución de Cádiz de 1812, conocida como “La Pepa” (porque fue promulgada el día de San José, 19 de marzo). Al gritar “¡Viva la Pepa!”, la gente celebraba la nueva Constitución y con el tiempo la frase pasó a significar desorden o jolgorio.
Se fue de viaje sin plan ni reservas, hala, viva la Pepa.
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