Frase que suelen decir las madres a sus hijos en España para resaltar su agotamiento físico.
Entre una cosa y otra, no me he sentado en todo el día, y aún tengo que fregar la cocina.
Frase que suelen decir las madres a sus hijos en España para resaltar su agotamiento físico.
Entre una cosa y otra, no me he sentado en todo el día, y aún tengo que fregar la cocina.
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Tardar demasiado en hacer algo o que algo se alarga más de lo previsto. Como las uvas que se toman en Nochevieja, se alarga tanto que se hace medianoche.
Date prisa, que como sigamos así nos van a dar las uvas.
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Expresión que se usa para pedir educación, calma o respeto cuando alguien está actuando de forma brusca, desconsiderada o caótica. Funciona como una llamada de atención ligera, humorística, para recordar que hace falta un mínimo de cortesía.
La frase se hizo popular gracias al personaje de Emilio, el portero de la serie Aquí no hay quien viva. Su forma exagerada y cómica de decirla la convirtió en una expresión célebre.
Oye, no me vengas gritando a estas horas… un poquito de por favor.
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El punto clave, el núcleo del problema o la causa principal de una situación complicada. Es la parte esencial que explica por qué algo está pasando.
La madre del cordero es que no tenemos suficiente presupuesto para sacar adelante el proyecto tal y como está planteado.
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Un nivel de charca superior. Se trata de realizar actividades o tener hábitos carentes de originalidad, que siguen a la masa social, y alcanzan un estatus «premium» al tener un punto absurdo o caricaturesco.
Hacer cola un día de rebajas en la puerta del Zara, un miércoles laborable, es charca premium.
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Estar muy enfadado, hasta el punto de que la actitud o la mirada parecen “soltar chispas” de la rabia.
Está echando chispas, ¿cómo puede ser que no le invitaran a la fiesta?
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Estar riéndose muchísimo, hasta el punto de casi no poder controlarse. La risa es tan fuerte que “te meas”.
Uf, volviendo a ver el primer episodio de Aquí No Hay Quien Viva… estoy meado.
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Ayudar a alguien, hacerle un favor o sacarlo de un apuro, normalmente de manera informal y sin esperar nada a cambio.
Cuando me quedé sin coche a mitad de la semana, Ana me hizo el paro prestándome el suyo.
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Dejar de rodeos y centrarse directamente en lo importante, sin divagar ni perder tiempo con detalles innecesarios.
Después de escuchar cinco minutos de explicaciones que no venían al caso, le pedí que fuera al grano porque necesitaba entender exactamente qué problema había.
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Gratis, sin pagar nada.
Aproveché que estaban dando las entradas de a grapa y me llevé dos.
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Se emplea para decirle a alguien que se vaya, que deje de molestar o que no estorbe. Es la versión coloquial y despectiva de «déjame en paz».
Mira, anda a ver si ya parió la marrana, que estoy intentando terminar esto y no me dejas ni respirar.
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Significa que algo es muy caro, incluso más que «costar un ojo de la cara«. Se usa para enfatizar que el precio es exagerado o abusivo.
Estuve mirando portátiles nuevos para trabajar, pero los modelos que realmente me interesan cuestan un riñón.
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Se emplea para reprochar que alguien llega tarde o que hace algo cuando ya no sirve de nada.
La expresión tiene su origen histórico en “los mangas verdes”, un cuerpo policial creado por los Reyes Católicos en España famoso por llegar tarde a los delitos.
A buenas horas, mangas verdes. Hace rato que he conseguido abrir la puerta, guárdate tus llaves.
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Equivale a «vete», «déjame en paz» o «no molestes». Tiene un tono muy despectivo.
Después de pasarse toda la tarde criticando sin aportar nada, el resto del grupo le dijo que se fuera a cascarla y que volviera cuando tuviera algo útil que decir.
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